Hablar de la educación como un “derecho” es un absurdo semántico, cuando no una manipulación político-lingüística. En cualquiera de sus acepciones (como transmi-sión de la cultura, como difusión del saber, como moralización de las costumbres, como socialización de la población, como proceso de subjetivización,...), la educación “sucede” —acontece, pasa ocurre. Se da la educación en cada intercambio comunicativo, en todos los momentos de la vida social, en cada uno de los ámbitos de la relación humana... Considerar que, así entendida, la educación es un derecho humano resulta tan absurdo como postular que también respirar, caminar o dormir por las noches son derechos de todos los hombres, prerrogativas genéricas que, en tanto “logros de la Humanidad”, han de ser asignadas y protegidas precisamente por los Estados democráticos. Las cosas que simplemente “suceden”, sugeriría Derrida, ni siquiera son susceptibles de decontrucción: podemos desmontar la Escuela, pero no la educación; cabe deconstruir el Derecho, aunque no la justicia, etc. Por eso, y más allá del absurdo semántico, nos hallamos ante una trampa lingüística: “derecho a la educación” significa, en realidad, “obligación de acudir a las escuelas”, como el “derecho al trabajo” ha venido resolviéndose en tanto “obligación de desear ser explotado laboralmente”. Y, así como el trabajo no coincide necesaria-mente con el empleo, ni la labor con el contrato salarial; la educación se distingue de la escolarización....
“(…) Y un tipo o polo esquizo-revolucionario que sigue las líneas de fuga del deseo, pasa el muro y hace pasar los flujos, monta sus máquinas y sus grupos en fusión, en los enclaves o en la periferia, procediendo a la inversa del precedente: no soy de los vuestros, desde la eternidad soy de la raza inferior, soy una bestia, un negro.” (Deleuze & Guattari)
viernes, 8 de febrero de 2019
sábado, 26 de enero de 2019
Ni yo ni ella. El individualista es capitalista
No apoyo el individualismo, ni siquiera en sus posturas más antagónicas, tuvo para algunos movimientos políticos cierta importancia histórica pero ahora (tal vez siempre) no es más que el producto deseante a través de la máquina capitalista, esto entiéndase en los términos esquizoanaliticos (léase -por favor!- el antiedipo, mil mesetas de deleuze y guattari). Estar depresivo es individualista, las tristezas deben ser colectivas o serán nuestra peor batalla. Es obvio que nos sentimos tristes, estamos inmersos en sociedades de control padeciendo miseria económica, afectiva y sexual pero si no somos capaces de socializar las tristezas, volverlas espacios de encuentro común estaremos solos pero ni tan solos, esa sería la verdadera tragedia de nuestras vidas. Tratar de olvidar las identidades que apelan al individuo no implica despolitizarse de las corrientes clásicas, llámense marxismo o anarquismo, sino utilizar estos saberes también como encuentros; producción y difusión de los mismos.
sábado, 12 de enero de 2019
LA MISERIA DE NUESTROS CORAZONES
"La actual miseria sexual no se asemeja en nada a la del pasado, ya que son en adelante unos cuerpos sin deseo quienes arden por no poder satisfacerlos. En el curso de su desarrollo metastático, la seducción ha perdido en intensidad lo que ganaba en extensión. Nunca el discurso amoroso ha sido tan pobre como en el momento en que todo el mundo se ha visto en la obligación de cantar sus alabanzas, y de comentarlo. (...)"
viernes, 11 de enero de 2019
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