“(…) Y un tipo o polo esquizo-revolucionario que sigue las líneas de fuga del deseo, pasa el muro y hace pasar los flujos, monta sus máquinas y sus grupos en fusión, en los enclaves o en la periferia, procediendo a la inversa del precedente: no soy de los vuestros, desde la eternidad soy de la raza inferior, soy una bestia, un negro.” (Deleuze & Guattari)

jueves, 5 de marzo de 2015

El mendigo y la fuga

“el ocio es la revuelta, la peor de todas, en un sentido, pues espera que la naturaleza sea generosa como en la inocencia de los comienzos y quiere obligar a una Bondad a la que el hombre no puede aspirar desde Adán”
Foucault

A nadie le sobra la plata, aunque el dinero sea un sinsentido y una realidad ficticia, en el capitalismo tener plata lo es todo y por supuesto que si trae la felicidad, esto porque la felicidad es solo un dato estadístico y objetivo construido a través del deseo reaccionario de capital, de reconocimiento y necesidades varias, no hay nada romántico e ideal en lo que llaman felicidad. Trabajar para tener plata no es un asunto que dignifique ni al proletario más obediente, sino solo una obligación real para aquél que aún no desea la fuga en la muerte o en la ficción. Es aquí cuando aparece el mendigo como un desertor al trabajo como fuente de todas las afecciones al cuerpo y a nuestras potencias; el mendigo no debe ser entendido como un individuo, ni un ser personalizado sino como la significante fugitiva real al corazón del sistema, de la misma manera que nadie entiende al obrero como un ser individual e independiente de su clase, el mendigo no es ajeno a la maquina social encontrándose en la periferia de la sociedad, no fuera de ella.  
Todos odian al mendigo, en el siglo XVII lo acercaron junto con ociosos, míseros y pobres a la locura, se le encerró en hospitales represivos, en el nombre de la filantropía condenaron su ignorancia y mendicidad, más tarde se trató de incluirle a la centralidad de la sociedad a través de las casas de trabajo forzado, se dijo que se les enseñaba a leer, a escribir, a contar, a ser honrados y decentes pero esto solo se trataba de un proceso de normalización y supresión de cualquier tipo de fuga de la norma que aún no termina.
Para nadie es un gusto encontrarse con el mendigo, no quedan muchos pero los que quedan no son sujetos ideales ni enmarcados en campos románticos, simplemente la respuesta periférica al corazón de todos los males. Si de verdad hay un asunto molesto para el ciudadano y el proletario obediente es que un desconocido le pida plata, aunque por supuesto no es igual cuando un estudiante blanco recién entrado a la universidad se acerca a pedirle dinero, aunque claro, se trata del futuro del país y el otro la revuelta. 

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