“(…) Y un tipo o polo esquizo-revolucionario que sigue las líneas de fuga del deseo, pasa el muro y hace pasar los flujos, monta sus máquinas y sus grupos en fusión, en los enclaves o en la periferia, procediendo a la inversa del precedente: no soy de los vuestros, desde la eternidad soy de la raza inferior, soy una bestia, un negro.” (Deleuze & Guattari)

martes, 28 de octubre de 2014

La psiquiatrización de los niños o el desarrollo normativo para ser adultos

Muy distinto a lo que se cree habitualmente, no se patologiza a la infancia porque se quiera -al menos ahora- excluir a los niños que antes cargaban con diagnósticos de “idiotismo”, o ahora con “trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH)” y otros, se realiza este proceso a cargo de la escuela, la psiquiatría y parte de la psicología porque se pretende la normalización forzosa de aquellos niños a priori desviados o resistentes a la norma. La creación de está norma es también la construcción de un “desarrollo” que determinaron instituciones médicas y pedagógicas para todos los niños, esté desarrollo pretende ser verdad y a la vez tiranía de la regulación de la infancia. Tal como decía Foucault, “el desarrollo es común a todo el mundo, pero lo es más como una especie de óptimo, una regla de sucesión cronológica con un punto ideal de culminación”(1), este punto final que Foucault se refiere como “ideal” es la llegada a la identidad “adulta”. El adulto no es nunca un ser natural, es una creación jurídica, médica e identitaria, que debe portar y reconocer sobre sí mismo el sujeto “normal y sano”. La adultez es entonces el arquetipo de la sociedad disciplinaria y el orden dominante.


El niño que entre los siglos XVIII-XIX era llamado idiota, es aquel que sus primeros años de vida se detiene, y no persigue la norma, o sea el desarrollo que le han impuesto. En el caso del niño hasta ahora es llamado “retrasado”, no es quién se quedó en determinado momento de su vida, sino aquél que no recorre el desarrollo a la estricta velocidad que este exige. Foucault decía -“que todos los fenómenos de la debilidad -la idiotez propiamente dicha o el retraso- se situarán respecto de dos instancias normativas: el adulto como estadío normal, los niños como definidores de la media de velocidad del desarrollo”(2).

El proceso de normalización a los niños desviados o resistentes, que realizan a la par dos instituciones -con la familia como bisagra de estas-; la psiquiatría (incluyase la psicología clínica y escolar) y la escuela, es al amparo de un manual intangible y no tanto, de un desarrollo difundido en la cultura dominante, y en el imaginario publico como verdad absoluta. Pretenden asesinar cualquier tipo de manifestación de singularidad en los niños, se pretende en última instancia homogeinizarlos para direccionarlos a ser obedientes, a ser adultos. Cualquier niña que se resista al “saber” normado de la escuela, se le medicalizara a cargo de la psiquiatría en funcionalidad con la pedagogía. El orden hegemónico no tolerará la disidencia, el desorden, o la fuga.

La desconstrucción que propongo frente a la normalización, debe partir asesinado a ese sujeto psicológicamente normal: el adulto. Tal como exprese en un texto anterior (click), dejar de ser adultos no significa una cuestión etaria, mucho menos una retórica romántica “pro-niños”, sino lanzarnos al devenir fugitivo de niñas huérfanas desnormalizadas.

Orlando Esquizo.
Colectiva Antipsiquiatría
antipsiquiatria@riseup.net
Notas
(1) . Clase del 16 de Enero de 1974. El poder psiquiátrico, Michel Foucault
(2) . Clase del 16 de Enero de 1974. El poder psiquiátrico, Michel Foucault

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